Visitar Praga es como entrar en un cuento de hadas que no necesita presentación. Torres infinitas, fachadas medievales y una atmósfera que parece cuidada al detalle convierten cada paseo en una experiencia casi mágica. Aquí no hace falta correr: basta con dejarse llevar y mirar alrededor.
Entre calles empedradas y plazas con siglos de historia, la ciudad invita a viajar en el tiempo. El antiguo barrio judío, los puentes cargados de leyendas y los rincones tranquilos lejos de las multitudes hacen que Praga se disfrute con los cinco sentidos y sin prisas.
La experiencia no estaría completa sin su gran orgullo nacional: la cerveza checa. No es casualidad que sea el país con mayor consumo por persona del mundo. Probar una cerveza local bien tirada es casi un ritual y una de esas cosas que se recuerdan al volver a casa.
Y si a todo esto le sumas viajar con singles, buena compañía y planes pensados para compartir momentos, el resultado es una escapada diferente y auténtica. Praga no solo se visita, se vive.
¿Te animas a descubrirla?





